‎0800-CRISTO

‎Cada vez son más, las personas menores de 50 años que fallecen por causas de un infarto y no es porque fumen o tomen alcohol, es porque llevan su vida al límite. Muchas veces y sin darse cuenta duermen mal, viven estresados, se alimentan mal, viven con el teléfono en la mano y la mente en otro lado; mientras tanto, el corazón empieza a llamar, pero nadie le atiende.

‎Mucho antes de un infarto, el cuerpo va avisando que siente fatiga, un dolor en la espalda o el brazo izquierdo sin razón aparente, entre otras cosas, pero el problema de todo esto, es que creemos que es «el tal estrés» o debido a cansancio normal; todo esto pasa, sin detenernos a examinar que la comida con aditivos químicos, el azúcar en exceso, el alcohol, el tabaco y una vida sedentaria, entre otras, están arremetiendo contra los corazones jóvenes cada vez más seguido.

‎En estas Reflexiones en Familia de hoy, nos deleitaremos con una poderosa porción de La Palabra inspirada por Dios, que en Primera de Corintios capítulo 6, versículo 19 de la Traducción en Lenguaje Actual, dice: «El cuerpo de ustedes es como un templo, y en ese templo vive el Espíritu Santo que Dios les ha dado. Ustedes no son sus propios dueños»

‎Amados, en primer lugar, quiero expresar mis respetos para cada familia que haya pasado por la dolorosa pérdida de un familiar, no sin antes recordar y reconocer que en Dios está nuestra mayor fortaleza, y que igualmente fue Dios, quien creó nuestros cuerpos de manera especial; por lo tanto, cada uno de nosotros debe cuidar su cuerpo y tratarlo con respeto, ya que el cuerpo del creyente es templo de Dios, porque el Espíritu Santo vive en él.

‎¡No usemos nuestro cuerpo para hacer cosas indebidas, ya que es parte del cuerpo de Cristo!

‎Cada uno de nosotros, fuimos comprados a través del sacrificio de Cristo; es por ello, que debemos honrar a Dios con nuestra vida, siendo nuestro cuerpo, el medio que nos permite exteriorizar el amor de Dios, servir a los demás y hacer Su obra en la tierra. Dios es el dueño de nuestro cuerpo, en primer lugar porque es su creador y en segundo lugar, porque es nuestro único Salvador, y así lo describe David en el Salmo 139, donde dice: «Dios mío, tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo. Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tú viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuánto tiempo viviría! ¡Lo habías anotado en tu libro!».

‎Queridos amigos y hermanos, el cuerpo de David era propiedad de Dios, tan igual lo es el de cada uno de nosotros, Dios es dueño de tu cuerpo y mi cuerpo, ya que fue Él quien lo creó; y un cuerpo saludable le dará honor y gloria a Dios, y estará en mejor forma para ser usado para Su servicio. Dios ha prometido cuidarnos, pero también nos ha comprometido a cada uno de nosotros, que debemos cuidar de nuestra salud.

‎A través de La Escritura, se nos enseña que debemos cuidar del cuerpo, ya que es a través de él que mantenemos contacto con el mundo que nos rodea; sin embargo, el cuerpo es temporal, pero aun así la Biblia enseña que tiene un gran valor y debemos cuidarlo con responsabilidad.

‎Amado, tu corazón puede sanar si cambias tus hábitos hoy, pero depende de ti escucharlo, no cuando te duela sino desde hoy. Si llegas a presentar alguna dolencia o síntoma, acude inmediatamente al médico, pero de la mano del mejor especialista, Jesucristo. La Biblia enseña que debemos cuidar del cuerpo, remozar la mente y fortificar el espíritu, porque es a través de éstos que recibimos la vida eterna y tenemos relación con Dios.

‎Finalmente, quiero pedirte que no te quedes con esta reflexión guardada, te pido que la multipliques, ya que puede servir de guía para un corazón desanimado, cansado o sin esperanza. ¡No llames al 911, comunícate lo más pronto con el 0800-CRISTO, línea gratuita y siempre tiene conexión ¡Él está esperándote!

‎«Dios escucha a los suyos y los libra de su angustia. Dios siempre está cerca para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza. Los que son de Dios podrán tener muchos problemas, pero él los ayuda a vencerlos. Dios cuida de ellos y no sufrirán daño alguno. Salmos 34:17-20 (TLA)

‎¡Bendiciones para todos!

Entradas relacionadas